LVIII
Puede
que en China sea un soler
relajar
el alma al atardecer
sobre
verdes tapetes naturales,
con
olor a cerezas y frambuesas.
El
contacto del desnudo
sobre
los lechos de flores
vibran
en el placer dulzón
del
alma de aquella mujer.
Ella
sueña sin cerrar los ojos
con
atardeceres rosas y malvas.
Y va
dejando en su interior
eternos
deseos de dormir
en
los brazos de la noche,
mas
muestra toda su belleza,
despierta
hasta el amanecer.

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