LIX
La memoria resbala intermitente y
el tiempo
con sus lágrimas abre el pecho de
par en par,
mostrando en su interior
desconocido, penas,
recuerdos, que son las gotas
heridas del viento.
Se humedece la hora dura, mas no se
ablanda,
y la guerra en su final se va
separando, triste,
de nuestros miedos, se queda atrás,
lamiendo
las heridas de sus muertos, casi
todos, inocentes.
Pero he aquí que aparece la absurda
estulticia
y en su ambición comienza el odio y
su terror.
Mientras odias y repudias no te
cultiva el alma.
Mientras sueñas arrullado por el
ácido poder
te sumes en el reconocer que tu
génesis indigno
enmohece y se pudre poco a poco en
su maldad.
Inventa volteretas asesinas, en el
aire muere el bien.
Y al monte se tira la indecencia y
florece en cardo;
no nos da tiempo ni de llorar.
Desaparece el cielo.
Nos abandona el amor. No se sabe a
dónde volaron
la inocencia y la limpieza
expresiva, pero el dolor
apareció tejiendo ropa íntima en
cada mañana fría.
Maldita sea para siempre la
Ineptocracia aparecida
que justifica eternamente el
sufrimiento de los vivos.

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