LX
Querido compadre apéate del dolor y
piensa
que la vida no alimenta, que solo
desgasta.
Apéate, compadre, de la lágrima
viajera
que surcando tus mejillas nos ahoga
el alma.
Agárrate a nuestra mano y llora esas
penas
que suelen aflorar cuando menos
esperamos.
Mírame a los ojos y verás mis experiencias
que nos llenaron de numerosas
ausencias,
y verás reflejar en mi ya demacrado
rostro
tanto sufrimiento como larga es
nuestra vida.
Desde que nacimos, en el mismo pueblo,
en la misma casa, en esa amistad tan
profunda
que nunca disimulamos, hondo dolor
ahora.
Apéate del dolor y abrázame, cruel
desahogo.
Eso hará que vivan eternamente en
nosotros
nuestros muertos. Ya innumerables
muertos.

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