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sábado, 4 de abril de 2020

EN EL DOLOR DE LA MEMORIA P 58

  En el dolor de la memoria


LVIII

Me presenté al toque de campana
y al llegar comprendí. Tañido vano.

Con mi desilusión rota y acribillada
por procederes atrevidos, sucia mente.

Sorteando placeres, intereses vendidos,
puertas que anuncian falsos futuros
pendientes de un hilo. Y allí de rodillas
me hinqué esperando que la suerte
pensara en mí. Triste suerte repartida
por criminal revancha, odios y resentidos.

Al levantar del suelo mi humillado cuerpo
la explosión de la mentira, ruidosa y vana,
me despertó, y vi llorar los ojos del tiempo.

El espacio estaba desierto, sin muertos.

Escondidos en las indignas ondas al viento
y en mensajes de papel con poca vergüenza.

Y al aclararse mi mirada, y recuperar aliento,
me di cuenta de que el toque de campana
no era por mí por quién ansioso doblaba.

¡Doblaba por las ineptas y por los tontos de baba!




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