En el dolor de la memoria
LVIII
Me presenté al toque de campana
y al llegar comprendí. Tañido vano.
Con mi desilusión rota y
acribillada
por procederes atrevidos, sucia
mente.
Sorteando placeres, intereses
vendidos,
puertas que anuncian falsos futuros
pendientes de un hilo. Y allí de
rodillas
me hinqué esperando que la suerte
pensara en mí. Triste suerte
repartida
por criminal revancha, odios y resentidos.
Al levantar del suelo mi humillado
cuerpo
la explosión de la mentira, ruidosa
y vana,
me despertó, y vi llorar los ojos
del tiempo.
El espacio estaba desierto, sin
muertos.
Escondidos en las indignas ondas al
viento
y en mensajes de papel con poca
vergüenza.
Y al aclararse mi mirada, y
recuperar aliento,
me di cuenta de que el toque de
campana
no era por mí por quién ansioso
doblaba.
¡Doblaba por las ineptas y por los
tontos de baba!

No hay comentarios:
Publicar un comentario