VII
Recibo, al elevar mis ojos,
la lluvia que cae de mi principio,
y purifico todo lo que de malo
en mi concepción me sobra.
Me monto en el lomo del inocente vehículo, desconocido,
del invisible normalizador de almas, y me asusto, voy veloz.
El me lleva para asombro de mi mente, agnóstica conversa,
pues nunca creyó en mí,
de mi la total desconfianza percibió
hasta el último momento.
En mí caminar nebulosas y sorpresa.
Aprendí a darme cuenta de quién era, de que génesis asomado,
de donde alimenté mi ser adolescente, perfecto nunca nacido.
No importo a nadie, pensaba, pensaba. Sonreí. Quedé tranquilo.
la lluvia que cae de mi principio,
y purifico todo lo que de malo
en mi concepción me sobra.
Me monto en el lomo del inocente vehículo, desconocido,
del invisible normalizador de almas, y me asusto, voy veloz.
El me lleva para asombro de mi mente, agnóstica conversa,
pues nunca creyó en mí,
de mi la total desconfianza percibió
hasta el último momento.
En mí caminar nebulosas y sorpresa.
Aprendí a darme cuenta de quién era, de que génesis asomado,
de donde alimenté mi ser adolescente, perfecto nunca nacido.
No importo a nadie, pensaba, pensaba. Sonreí. Quedé tranquilo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario