LXVII
¿Quiénes sois y a quién queréis
someter?
Hacedlo, pero no matéis más la vida
adquirida.
A ti te tocó llamar a tu jefe, el
causante,
en el indecente pináculo del poder,
y mira por donde siervos quisiste
hacer.
Pero una inesperada jugada
te convirtió en asesino, ilusión
difuminada.
Y en la mente de los vivos
nacieron, a borbotones,
psicópatas en procesión
organizados.
Y Pilatos, palanganero, lavándose
las manos,
escandalizó al mundo, triste sino
comprobado,
cuando el agua, de pronto, se le
hizo rojo plasma.
A ti, que sicario fuiste, o
quisiste ser,
te tocó inventar ignominias, junto
al inepto indigno,
que ahogaran los latidos en arritmias de maldad.
A ti te tocó contar los muertos,
sin carnet,
pero no sin el puerco pin en una
piara inventado.
A ti exprimir la mentira, sí, la
reiterada mentira,
en millones de millones de campanas
convertida.
A ti te tocó no certificar nada,
pero sí fabricar
montones, sí montones de
desconocidos sin nombre,
que son acentos apuñalados
que jamás serán eliminados
de la vergüenza, que Dios, si es
justo, sin jueces,
sembrará en tempestades en toda
familia de crueles
hasta que la eternidad deje de ser
eterna. Lo juro.
Ojalá, que aniquilado sea el suave
viento, el honor,
la conciencia limpia y el Génesis
inmerecido.
Todo eso en que soñabais bien
vivir.
Poderosos y sicarios. Resentidos.
Invertidos.
¿Quiénes sois y a quién queréis
someter?
Hacedlo. Pero antes quitaros la
vida
por vosotros mal adquirida.

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