LXII
Ese beso me sigue quemando el alma,
por inesperado,
casi un roce sin sentido.
Un rayo amargo pasó por mis labios,
y mi boca se cerró con frialdad.
Me parece un sueño difuminado,
disuelto en neblinas incoloras,
sin forma, brusco, desaparecido,
despertar dolorido, beso escapado.
Un amor casi muerto. Ya olvidado.

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