LXI
Con mi soledad dialogaba,
y el vapor invisible de las
palabras
tropezaba con el muro insonoro
de tu oído inexistente.
El sol pedía paso entre brumas,
disfrazadas de nubes huyendo,
y la luz me acompañó de repente.
Ya no estoy solo,
pero siguen siendo mis ojos
quienes busquen las palabras,
que parsimoniosas llegan de vuelta.
Con mi soledad dialogaba
y aprendí a esperar tu presencia.

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