LXIV
Me acostumbré tanto a ti,
que si voy solo siento miedo.
Vigila los sustos, sobresaltos,
los ruidos silenciosos y átame,
para siempre, a tu pensamiento.
Cúbreme con la seda de tu cuerpo
para tener tu sonrisa tan cerca,
que envalentone mi atrevimiento.
Me acostumbré tanto a ti,
que si no te abrazo me muero.
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