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viernes, 24 de abril de 2020

POZO BARRENTO P 65

Pozo Barrento



LXV

La cueva está preparada,
ya nació así, entre montañas,
entre el sube y baja de las nubes blancas,
entre tormentas y claros,
cuando el sol toca a arrebato.

A sus pies el mar, entre ondas
de acero o plata, goza y goza
lamiendo las heridas
de las rocas agredidas.

Cuando se abre la cueva
el mar penetra furioso
en su escondite dolorido,
con oscuros y opacos latidos,
que saben a musgo podrido
y a humedad de rosa sin vida.

Dónde la tierra ya no huele,
pero se baña entre suspiros
y ásperas corrientes de frío.

Mientras, fuera, gritan las gaviotas
vigilando, desde arriba, su comida.

Vuelos en picado tan acelerados,
que desafían espumas efervescentes
en el romper de la cima cumbre
de solubles y salitrosos indomables.

Aquí no hay arenas que amortigüen,
ni que frenen pleamares de vuelta.

Aquí solo hay una cueva y su ceguera,
ni un solo libro, ni una sola luz que brille,
ni una solitaria esperanza en el aula.

Solo gritos de gaviotas que son las ratas
con remos y alas, voladoras de censura.
Universidades de escoria y de incultura.


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