LXVII
Mi vida empezó poco a poco
a vestir sus tiempos de gala.
Sus ocios de esperanza,
sus ausencias de sueños,
y en un momento inesperado
apareció un cálido desasosiego,
una rara y extraña añoranza,
una inquietante nostalgia.
Un amor de florituras exento
flotó conmigo en la gris neblina
del retrato en mi mente guardado.
Así empezó a ser todo más grato,
el rocío ya nunca más humedeció
ninguna emoción en mi alma,
y el relente de la madrugada
nunca más resfrió los anhelos
de pensar en ti a todas horas.
Nada hay en el mundo que eleve
tanto
como un amor sin condición
brotando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario