LXVIII
En este, mi propio camino recorrido,
cuantas veces pregunté por mí mismo,
y mi respuesta se replegaba escondida
entre el mudo silencio inventado
por mi palabra nunca jamás oída.
Quién vino, en su osadía, a verme,
no siendo un suspiro emotivo,
escapado
de tu mente bloqueada o perdida.
Por tanto, vi como abriste los
ojos,
y tu mirada era clara, me buscaba,
como si me dijera que tu respuesta
llegaría a mis ojos, quizás,
mañana.
Ya tampoco pude soñar siquiera,
siendo esta la única manera
de saber si eras real en mi vida.
Y conseguí apartar de mi alma
tu retrato en mi pensar diario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario