LXIX
Si el abandono es dejarnos indefensos,
como siempre te luciste.
Si el abandono es ver
que la decencia hace equilibrios
sobre el lomo de un reptil ofidio,
te cubriste de gloria y te reíste.
Si el abandono es lo que es, nada,
estúpida furia sin sentido,
orificios
vertiendo verdades y mentiras,
regaderas fácilmente incontenibles,
dardos en arsénico impregnados
que pasan rozando la existencia,
te cubriste con túnica inservible.
Y purgaste sin fin tu imprudencia,
por la falta de resortes de pericia
desde tu demostrada impotencia.
Si el abandono es dejarnos en
ayunas,
te luciste al agotar nuestra
escasez.
Si el abandono es, al mirarnos de
lejos,
sentir nuestras soledades en
pelotas,
te luciste, sin compañía, y sin
amigos.

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