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miércoles, 6 de mayo de 2020

OTRO POEMA IMPERFECTO P 7

Otro Poema Imperfecto


VII

Y hacia el infinito elevaban los vientos
sus almas vivas, sus cuerpos muertos.

El mar, con su llamada de plata,
rompía en su playa y se retiraba.

Descansaba su retroceso en oleadas.

Y como el mar me llamaba, sereno,
corrí hacia su interior a toda prisa.

La brisa, el dulce vaivén de la brisa,
amortiguaba diálogos de placer.

Dos niños jugaban con sus paletas,
que más parecían sendos abanicos.

De pronto ruidos ensordecedores  
rompieron el entorno, y los gritos
de los bañistas eran bombas, tiros,

algún que otro criminal cañonazo,
y el gorro de baño se volvió casco,
de soldado en guerra era, maldito.

Sentí la llamada de aquella sombrilla
gualda, que tornaba el sol a mi vida,
allí tumbada, rememorada pesadilla.

Corrí hacia el exterior y la abracé,
y quise proteger a mi alma, aún viva,
que estaba entre su boca y la mía.

Y apareció la sordera, y del silencio
emergieron oscuridades sin sentido.

La gente desapareció entre la resaca,
ya de cascos estaba la playa cubierta,
cetmes, balas, otros objetos de guerra.
       
Y un grupo de involuntarios homicidas
rodeaba aquel  gran boquete con brillo,
con dos almas en su interior, invisibles.

Se besaban con ternura, el silencio en la mirada.

Hacia el infinito con suavidad el viento elevaba
sus dos cuerpos muertos, pero vivas sus almas.

El desembarco está en la historia. Silenciado
entre odios sin cordura el horror causado.




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