XXVII
Soñabas cosas sencillas, caminos,
vías construidas en el viento,
exploradas por sentidos
insensibles al tiempo.
¿Ya no había sueños?
O puede que sí, no se sabe
si primaba el dormir,
o el despierto ser prevalecía,
con sus imposibles nunca logrados.
Paredes sosteniendo
estructuras abatibles,
otra desilusión,
otro arrastre por el suelo,
ni satisfacciones,
ni de gozo conformismos,
solo el hedor insufrible del
fracaso.
Encontraste el resquicio, luz a
medias,
por donde escapar, sin tregua,
y llegar al olvido, estado perdido,
pero porfiadas inquietudes te
persiguen,
y te exponen a que desnudes tu
vida,
y una vez que venciste al no
existir
asumiste que estabas solo contigo.
Y sufriste deprimente percepción,
monumental desaliento,
frustrante.
Y si tu sino fue la presencia de
soledad
¿cómo es posible soñar en tu
irrealidad?

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