XXX
El puente, el árbol,
ese guardián imponente
a escasa distancia,
el murmullo del agua
que se queja de no sé qué,
el reflejo que escribe en la sombra
un posible verso de amor,
intermitente aviso de que el sol
puede echarse a dormir,
arropándose con el horizonte,
en cualquier momento, sin duda,
dejando para mañana
otras nuevas actividades:
se renueva el agua, que no es la
misma,
y el árbol, a escasa distancia,
dibuja nuevas sombras,
alargadas, vete a saber, redondas,
adueñándose del frescor
que resucita esperanzas, ilusiones,
y un día más que el tiempo cumple.

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