LXIV
Una amistad
interrumpida, sin despedida,
adiós cobarde, simplemente
este complejo,
mi larga desaparición,
un despertar diario,
colocándole ojos a tu
cara, perenne retrato.
¿Eres como eras o has
cambiado tu redondo
saber ser?
Hecho natural emanado
de nuestros comunes
educandos, principio y
fin, amor transparente
de nuestra valía real, inspirar
ese idéntico aire
y cantar a coro,
armonía en acústica reverente.
Sesenta y tantos años
sin verte, pero yo persisto
escribiendo en el libro
del viento, que me acerca
de lejos, tu sonrisa,
el beso escondido de tus ojos,
el imán de tu cabello guerreando,
como siempre,
contra el desorden
nostálgico, sutil en mi mente,
contra lo que pudo ser
y no fue, y a veces lo soñé,
contra lo imposible imponente,
idea que acorrala.
Me hiere, me lleva a
remotas tierras, lejanas, y ya
no le encuentro
explicación, juro no saber por qué.

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