Cuando El Adiós Nos Devuelve
XXIV
Ya me imaginaba el no poder verte,
pues sentí como han segado mis ojos.
Pero si acortas la simulada distancia
desde tus sentidos hasta ver mi alma
gozaré la vida de tu sol, su fragancia.
Al rozar tu piel empezaré a entender
que es a ti a quien respiro, soplo mío.
Y el calor de tu pecho, ya reconocido,
penetrará por los poros de mi cuerpo,
y con cada cráter reaparecerá un cielo
con raíces en la regia luz de tu mirada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario