Cuando El Adiós Nos Devuelve
XXV
Había sonado la música, vueltas y vueltas,
y se movía a su compás el viento, y la luna
sonreía, cuando pintaba su cara el silencio,
que no hacía mucho había abierto los ojos.
La tormenta amenazaba con su estampido
el suave son de la melodía que teñía el aire,
poblado entorno, melomanía sonora en sol.
Giraba, giraba, movía su cintura el tiempo,
a ritmo lento, rosario de pasos con suspiros.
Bajaban las perlas de lluvia a besar amores
nunca olvidados, prendidos en si corazones,
entre notas hasta ahora de mi desconocidas.
Y el beso se hizo líder, latido, un la repetido,
acelerada caricia que solo el corazón conoce.

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