Cuando El Adiós Nos Devuelve
XXVI
No hay sonido más saturado de profunda pasión
que mi silencio, caudal inagotable de mi diálogo,
y yo sé que me escuchas, y también estás al tanto
cuando solos y a solas, nos hablamos al mirarnos,
soledad de música oculta entre las notas del alma,
bajo la visión encendida de un universo apagado.
Pero seguro estoy, creo sin reparo, que me amas,
y sonríes tu presencia callada a gritos en mis ojos.
Me miras con ternura aterciopelada, y sí acaricias
mi presencia ya venida, donde tu voz es el silencio.
Y al coger mi mano y apoyar tus labios en mi piel
adormeces mis dedos, oh viento suave de tu aliento.
Y te apoderas de mi silencio, y con él me enamoras
a través de tu mirada, rayos convertidos en sueños.
Y tus besos vuelan desde tus labios, y son pasajeros,
que roturan eternal el erial de todo humano respeto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario