Cuando El Adiós Nos Devuelve
XLI
Sabes demasiado que inventé caricias
estando a tu lado,
disimulos inocentes que la vergüenza me iluminan,
sonrisas en mi pecho de gozo henchido.
Y el genuino moliceiro, atento, de reojo nos miraba,
¿te acuerdas de aquel beso entre la Barra y Gafaña?
el abrazo sincero, a escondidas la caricia,
alejándonos de las salinas,
y tu mirada le hacía el amor a mi mirada,
y mis ojos lloraban de alegría, revueltos en lágrimas,
que sinceras se cayeron en el río Vouga, casi marino.
Mi mano buscó tu mano, y tardé un momento
en darme cuenta que tu mano estaba en el Cielo,
para mi inalcanzable, desperté, maldije ser un sueño,
y tú no eras, aunque besabas mi alma,
tan de lejos, que luché por acercarte y unirme
a ti de nuevo, y poco a poco, amarte en silencio,
como mejor saben los besos
que parecían ser de estrena,
y fueron tan sabrosos como el vuelo
del ave que escribe versos en el cielo.

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