Cuando El Adiós Nos Devuelve
XLIII
Tal día como hoy
tu viaje me llenó de zozobra,
situación corredora hacia el abismo,
¡Y pensar que tu venida tan esperada
fue yesca de una vida iniciada con fulgor!
Todo, tus ojos, la dulzura escondida en tu alma,
del alumbramiento nacida, Dios así lo quiso.
Tu ausencia dominaba la acerada dureza
del contraataque de submarino,
el amor de tu madre, y el mío.
¿por qué no puede ser?
Aún sueño que llegues como antes,
que renazcas cuando yo salga a buscarte.
¡Qué inmenso infarto sufre en mi alma
tu presencia ya ubicada en otra parte!

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