Cuando El Adiós Nos Devuelve
LXIV
Por los adivinados peldaños de tu cuerpo,
remontando labios de rosa vestidos, roce,
subía calmosa mi pausada y lenta mirada
acariciando tus ojos de sol abiertos, goce,
en tu cara amanecía el fulgor de la ilusión,
un florecido gesto con sabor de manantial,
un acompañado resplandor de luminarias,
satinado azul marino, o sutil cielo sombrío
de tus noches con luna llena interrumpida,
real investidura de un alcance conseguido.
¡Por una noche de amor en silencio
hubiera entregado incluso mi vida!

No hay comentarios:
Publicar un comentario