Cuando El Adiós Nos Devuelve
LXV
Navegaba por mis días caprichosos
de lentos, y yendo sin pedir perdón,
aguantaba una alternancia abusiva,
con indicios rutilantes, descollantes.
Y yo, por un lado, me asomaba, casi
de curioso, y te vi pasar, cautivabas;
con fino filo cortaba el aire tu figura.
Alto porte, arrogante, única, altiva,
retando estrellas tardías, perezosas,
con tu caminar, un espejo de estilos.
Soltura musical, ya compás y ritmo.
Eras luna llena, clara, y al despertar
eras ese sol de mediodía, tan vertical
que alumbrabas penetrando el cielo,
un cartel favorito en mansas oleadas,
hilvanada por luciérnagas ilustradas.
El espacio azul descansaba en tu arte
para copiarte, y presumir imitaciones.
Toda belleza a tu lado, sueño perfecto,
silencio callado, era cual recién nacido
a la vida ascendido, armonioso suspiro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario