Cuando El Adiós Nos Devuelve
LXVI
Esa tormenta que sembró relámpagos,
descargas intermitentes con su sonido
repetido, eco temido,
despierta los ausentados resplandores
que se desbocan en miedo, y si aprieta,
y rompe barreras de vientos revueltos,
y tu mano templa mi mano fría, vacía,
bañada en nada,
y sostengo tu mirada, bruñida entrega,
temeroso, y serenas mi ser al abrazarte
a mi pecho ansioso, y servirte de calma,
salvarte del temor con techo de ternura.
Y aquí estamos y fue tan largo ese corto
momento, que mi vida se cubrió de vida.
En mi corazón despertó un nuevo latido,
y dejaste en mi alma esa ilusión perdida,
ese jardín de pasión en silencio florecido,
y lágrimas rociando el amor al despertar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario