Cuando El Adiós Nos Devuelve
LXVII
Sueltas las perlas, deseo de perder su concha
en las aberturas del acantilado, ya su mirada
acechante al mar del alboroto errante y suda
la niebla fina, filtrada en el cedazo del viento.
Llueve su mar sobre la roca al muro clavada,
en la costa, más audaz que muerta, pero mira
y en la resaca respira, y al rayo de sol se seca,
sal que se esconde disuelta en el sonoro oleaje,
donde el mar rebelde que nace de la montaña
horada impedimentos que se pegan al paisaje.
La pleamar sonora esparce dinámica la onda
y besa boca y misterio de sirenas embrujadas,
entre la bruma sutil, que llora el triste drama.
Con prisa la espuma se disfraza de pura nata,
donde ya no hay descanso el mar se desborda,
y al interior se escapa, pero insistente regresa,
y desmenuza su vientre vertiginoso en tromba,
múltiple parto que presencia la luz en sombra.

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