Este Mundo Herido
Incrustada quedó la mirada de la paloma
en la escopeta del cazador, triste esperar,
el cielo no hizo más que llorar
por los ojos de la nube blanda,
que se mantenía con el aroma
de imprevisibles sufrimientos,
venideros sacrificios de sueños
perdidos entre sábanas de mal,
y un disparo hirió del contorno
la ayuda mutua, la solidaridad,
que servía de campo de batalla,
el odio estaba compartido al fin,
y el corazón del tiempo ya ardía
en su viento triste, de amargura,
las campanas enmudecieron muerto su badajo
y el mundo empezó a temer de sí sin ton ni son.

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