Este Mundo Herido
muy plácido llegó a mi pensamiento,
aquel aroma tan romántico del vino,
y los recuerdos me asaltan, y sonrío,
y me placen, y a inocencia me saben,
medicina exacta a la tierna nostalgia
de mi vida pasada, de menos echada,
aquel amigo, aquel señor castellano,
que me llamaba Canedita con su voz
encantadora, de hombre cabal, sano,
aquella casa conocida, olorosa bodega,
de dos hojas la puerta, con la escalera,
aquella calle Aduana donde el Arranca
y el Ciégala eran figuras emblemáticas,
aquel vino, aquel aroma a mosto fluido,
aquel garrafón amarrado que no olvido,
aquellas niñas pequeñas que aún viven
en mi mente y fueron parte de mi vida,
o de la vida de mi padre, ellas medían
el vino que mi padre a diario revendía
en un bar escuela de popular filosofía,
aquel señor y su esposa, aquel honrado
castellano, aquellos hijos que son parte
de mi afortunado y majestuoso pasado.

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