Este Mundo Herido
y la tarde abrió su cremallera,
y desaparecidas las horas del día,
la sonrisa de la luna
las estrellas mecía
en su cuna,
y sentí de repente que tu alma
me supo a rosas, y tu cuerpo fue
una ilusión perenne,
y se agitó el jardín
multicolor
de mis sentimientos, el aroma,
donde una sencilla gota de rocío
apareció en mis ojos,
y una mirada quedó
escondida,
ya deshaciéndose en lágrimas,
humedeciendo nuestras mejillas,
y sus poros abiertos
bebieron del calor
de un sueño,
y aquel abrazo fue para siempre, fiel,
y despertamos distintos en otro cielo,
en un suspiro de silencios,
en un despertar de flores,
en un sonreír de infantiles inocencias.

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