XXIX
Y te han llamado viejo cuando tan
solo eras un loco,
Sí, te han llamado loco cuando tan
solo eras un viejo.
Mundo natural, auténtico, sin
malicias que disimulan,
exageración tan veraz que, ni el
amor, ni la pasión cálida,
ni la locura, se han instalado a
tiempo en su fingir eterno.
Y no te mueras escondido entre
remedios que escuecen
allá dentro del alma, por si el
alma no circula el exterior.
Érase una vez este hombre, el del
retrato único, singular,
que dudaba de la felicidad si la
entrega estuviese ausente,
si de vida no gozara la amistad, el
material desinteresado,
y la esperanza final, como objetivo
de otros logros varios.
Muchas veces sufrió la amargura de
su ausente adolescencia
y el libro de su memoria, a través
del tiempo, echa de menos
sus experiencias, oscura pizarra
borrada con bayeta sectaria.
No cree en Dios, ni en los hombres,
ni tampoco en la bondad.
Ni en quién recauda postulaciones,
que nunca son repartidas.
Y su desconfianza no le deja en
paz, y se morirá así, como es.
Buscando en la negrura infinita
aquello que nunca encontró.



