I
Ardo
entre las llamas amarillas
de
la locura que me inspiras,
me
convierto en humo,
me
vuelvo ceniza gris,
quizás
esparcida, dispersa,
entre
el viento ciego y mudo
de
tu indolencia, entre el agua
de
la corriente que lava el cauce
de
mi descorazón, tinte rojo,
invisible
cielo, escalera falsa.
Entre
tus ojos y mi cara, duda,
duda
soy, espacio corto,
hasta
el aire se vuelve opaco;
escucha,
ahora que no soy nada,
por
lo menos ahora muerto,
recoge
mis restos, mi nada ser,
y
ahóndalos en tierra blanca.

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