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sábado, 21 de marzo de 2020

CONTRACORRIENTE P 37

Contracorriente



XXXVII

Hoy te he visto con los ojos físicos de mi mirada.

Mi corazón ha calmado sus ansias.

Se ha serenado mi alma, aunque un desasosiego,
apenas controlable, empezó a sumirme
en un largo camino de preocupación.

Lejos de ti mi vida es un eterno claroscuro de recuerdos
que no me dejan encontrar la paz conmigo mismo.

Cerca sufro igualmente porque estar a tu lado
es no tenerte, es un constante disimulo,
en el que mis actos pasan de lo innatural a lo anormal,
donde se desquicia mi alma,
donde se oprime mi cuerpo hasta el deseo de la inexistencia.

Sé que estás enterada de que sufro y no tengo remedio.

No hay nadie que no piense y a mí,
que no creo en la indiferencia, que no creo en la ignorancia
hacia los seres, me gustaría estar dentro de tus pensamientos
para enterarme de tu admiración o despecho.

No sé que significa el embrujo, pero lo sufro,
me apeno con tu aplastante ascendencia sobre mí.

Mi vida depende exageradamente del recuerdo inextinguible
de tus ojos, de tu cara, de tu personalidad entera. Pienso en tu piel
y mi alma siente el contacto sedoso, leve, eternamente placentero.

Pienso en el perfume de tu piel y el dulzón y pegajoso aroma
de tus poros me besa la soledad hasta convertirme
en feliz acompañado.

La suavidad de tu ropa, tus elegidos estilos, tus personales colores,
tu independencia sana y contagiosa, me hacen pensar que existes
y que mereces la pena.

¡Cuánto deseo que existas! Aunque mi vida a tu lado fuera
un eterno agridulce daría parte de lo dulce por encontrarte
algún día, no en el camino de mis sueños, sino en la senda
de mi modesta realidad.

¡Cuánto deseo que existas para vivir sin soñar!


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