LXIII
Devuélveme
a tus brazos,
a la inmensa pasión de tus labios,
a la belleza tersa de tu cara,
a la almohada sensual de tu regazo.
a la inmensa pasión de tus labios,
a la belleza tersa de tu cara,
a la almohada sensual de tu regazo.
Devuélveme a la recuperación
del sentimiento dormido,
a los reflejos ardientes del fuego
de mi amor siempre encendido.
Devuélveme a las caricias de tus manos,
a la seda inolvidable de tu piel,
al aroma inconfundible de tu cuerpo,
al sabor de tus ojos, dulce miel.

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