LXV
Aquellos
recuerdos siempre vivos y aquel amor
que eterno late.
Aquella belleza, aquel amor, aquel tesón.
¿Quién devolverá a mi alma la dulzura hecha palabra?
Aquel amor, aquella niña, “aquel sol de la infancia”.
Y lloraban amapolas sobre lechos de verde plata
y doblaban las espaldas largas cañas, espigas tiernas.
Aquel amor, aquella niña, “aquel sol de la infancia”.
Y lloraban amapolas sobre lechos de verde plata
y doblaban las espaldas largas cañas, espigas tiernas.
Dulce fruto, mañana calma, gotas de tiempo escampan
en estos recuerdos claros, en este amor que eterno vive.
en estos recuerdos claros, en este amor que eterno vive.

No hay comentarios:
Publicar un comentario