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viernes, 20 de marzo de 2020

POZO BARRENTO P 37

Pozo Barrento



XXXVII
Quisiera tener poder para convertir
la cuesta arriba del sufrimiento
en el manso llano y feliz del andar

leve y placentero,

para alcanzar la nube eterna que cubre
la mente del universo, injusto, y tirar,
tirar, hasta abrir la puerta clara del amor,
de la justicia, en el valle de la paz.

¡Clamor sincero!

Quisiera inventar en la altura,
sobre la inquieta secuencia,
amigo, del valle de la vida,
la soledad compartida
con uno mismo, sinceridad,

actitudes naturales, sin fingir,
meditación sin condición,

nadie mintiendo, todo verdad,

la naturaleza por testigo,
quien ahí, el cielo raso infinito.

La piedra, el brezo y la ermita,
el silencio, el olor a pino y el viento,

el alma desnuda y en el pensamiento
la paz, el aroma eterno de la grandeza
de lo pequeño, placer, libre albedrío,
de la libertad, del sentimiento, soñar,

de la ternura, de la brisa que en lo alto
va y viene y te acaricia, por lo menos,

de la emoción de compartir corales
con el trino de los pájaros cantores,

con la inmensidad del monte vacío,
el azul profundo de la nada inocente.

El candor de la falta de malicia
de la mañana siempre virgen,
de la tarde orlada por la banda
del dulce encuentro con la dicha.

Quisiera ser oración sublime
al aire descontaminado orada,

encaminada a la fe del descanso,
pureza y brillante claro, rezada,

amena sonrisa que renueva el alma
por el puro ser, por el verde manto,
donde la hierba fresca crece viva,
donde canta el grillo monotonías. 




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