LXIX
Por qué se oye tanto el silencio
si quiero amarte y mi alma vuela,
escapando de sonidos que se quedan
entre sombras y suspiros,
y en el claro oscuro, el brillo,
entre besos y caricias, y dentro de
tus ojos
se pasean vientos que se duermen,
tranquilos.
Las palabras en la boca prisioneras
quedan,
entre miradas de terciopelo y seda,
rosas perdidas
en los poros serenos de tus
mejillas.
Por qué el mudo sonido de tus manos
queda prisionero entre mis dedos,
y mis labios se humedecen de
emociones
que nacieron de tus labios en silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario