XV
La niebla es mar,
dulce, porque es el valle,
observado con curioso asombro
desde lo alto. Éxtasis fuera de
lugar.
Emulando aves, en espuma filtrada,
algodón de azúcar blanco quemado,
volando en turbios retratos,
cuadros
con sostén extraño y sin final
asignados.
Perdida la vista a lo lejos sin
horizonte listo.
Ahí se pierde el topo desconcertado
que mira sin ver, o que ni mira ni
ve,
y en el aire falso cava su túnel
escondido.
También pasa volando lo no visto,
que no tiene muy claro a dónde va,
y la antena se dobla por la
cintura,
a tientas damos cara a la belleza
suspendida.
Y pensamos nieblas y pensamos
cielos
y debajo del todo inconsistente
somos conscientes
de que se deshace el humano por no
ser Dios,
por ser solamente un ente perdido
en el tiempo,
una veleta, un viento y más tarde
el silencio,
o la pared del eco en otras manos,
por cierto.

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