XVI
Ahora que llegué a ti y te encontré
caminando en paralelo, largo rato,
no te escondas en incoloras
tristezas,
desvaídas por el invisible
rozamiento
de fuerzas de reacción en otro
sentido.
Sí, continua, pero, a la vez,
contraria.
Saborea palabras en paladar que
vuela
anunciando callado, néctar de
ternura,
suave lengua de campana humedecida.
Examina mis ojos al mirarte de
frente,
ahora, y al empapar mi sedoso
pañuelo
en el silencio, pasarlo mudo por tu
cara.
Inventa caricias que alivien
pensamientos
y no cierres a los ecos del sonido
tus oídos.
No marchites los disimulados
atrevimientos
en aquellas palabras nacidas en mis
sentidos.
En el resquemor de lo vendado arden
calores
que duelen, creando escalofríos
estremecidos,
y no hay remedios, solo alguna
indiferencia
ocasiona emplastos de calmantes
analgesias.
Quédate en mi esperar eterno,
en el intento inesperado de mi
impaciencia.
Mientras intentan conciertos,
pájaros musicales
sin altavoces, bajo algodones y
nubes,
teñidos claro oscuros,
establecidos
de ante mano.
Es tan verde tu mirada que al
mirarte
veo en tu rostro
esmeraldas y esperanza,
menta en la boca metida,
frescor permanente en la garganta.

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