XVII
Saludo penas cuando el tiempo pasa
montado en las ondas del viento.
Beso el aire que en silencio
a tus espaldas dejas como estela de
aroma
poco o nada conocida hasta ahora.
Resuelvo charadas en tus ojos
y me agarro a los rayos de luz
pura,
que desde tu mirada convergen con
fulgor
en mi mirada.
Ya casi pegada a mí
me ofreciste el rosa pálido
del carmín de tus labios,
y un ligero paseo por mi cara,
como gran emoción con dueño,
deja posos de rosas húmedas, un
sueño
nacido en tu alma,
realidad que despierta a diario.

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