XIX
He nacido cuando el sol recuperó
su sonrisa y se hizo visible,
cálido,
detrás de su escondite mañanero,
un horizonte de acuarela parido.
Saludando frialdades y cegueras,
fuelle atizando la brasa, su
brillo,
fulgor eterno, encendido, todo
vida.
Y las plantas elevan gratitudes al
cielo.
Respiran, purifican, destruyen lo
malo,
y transforman asimilaciones en
energía.
Y dibujan giros alrededor, sin
tiempo,
los insectos, así despacio, a ritmo
lento.
Y las aves, sin más, se ponen de
acuerdo.
Pero de vez en cuando reposan,
planean,
y sobrevuelan claridades, vencen
miedos,
en busca de otros rumbos, en otros
cielos.

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