XXIII
Surgen del sol,
y aún me quedo corto:
asurados trozos de secano
en el cuadrilátero del prado;
el pozo, que antes
era vivo, se ahoga en su negra
boca,
no hay fondo
y una piedra al sumergir
su cuerpo inerte
tarda un mucho en salvar distancia;
y el ruido suena
en la ilusión del viento,
viento que quema
y levanta nubes a ras de suelo;
reboza moras agarradas
a la vida, y tiñe de harina
blanca, lo que la luz oscurece
y se camufla en noche;
grietas se aglomeran abiertas
donde humedades campaban antaño,
y por ellas se desangra el día,
portando la traición,
el desengaño;
y el muro lejano de la visión
esconde posibles detrás de lo nunca
sido.
Surgen del sol,
y aún me quedo corto:
esperanzas, realidades, ilusiones
nacidas
de lo falso, quizás de lo no
permitido,
y también un enemigo,
que puede ser la propia vida.

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