XXIV
Ya nos hemos quedado sin gente
mayor.
Por qué indigno sumidero se escapó
la sabiduría,
por qué coladero criminal
de acero nos abandonó,
sin querer, las
experiencias amigas del modelo,
el ejemplo de la
sonrisa cómplice. ¡Mis viejos muertos!
¿Quién hizo desaparecer
la cultura de la tradición,
la que besaba labios de
amor
en bocas de pedagogías
cercanas, la palabra y el recuerdo?
¿Quién osó dejarnos
huérfanos
de tantas historias que
ignoramos?
¿Quién dinamitó la verdad
creíble del sincero risueño,
en contra del miserable
periodista,
que su única verdad son
las mordidas
del vigilante corrupto?
¿Quién nos contará
ahora, con rigor,
como en verdad fue la
historia?
¿Por qué nos mienten tanto las
bridas del poder
y el bocado almibarado del
dinero?

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