XXXII
¿Por qué no acudiste a mi llamada?
cuando solo con verte
curarías mi amargura,
podrías cambiar la tormenta
que en mi alma azotaban vientos
furiosos de un posible desamor.
Dime que has visto en mí
que ni siquiera en tus ojos
vi clarear ideas y sentimientos,
y en el corazón siento suturas
dolorosas
sin ninguna explicación.
Ya ni me atrevo a cruzar la
pasarela
que hay entre mi palabra y tu
silencio.
Estrecha el río y acorta el puente
y dime que todo esto solo ha sido
casi un estúpido mal entendido,
cualquier sueño recién llegado
que, suspendido en alfileres de
aire,
se desmorona en un total desvarío,
en una cruel mentira caprichosa
que, sin prisa, zanjarás
conmigo.

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