XLII
Guarda mi mirada, perdida entre mis
ojos y tu cara,
si alguna vez me escuchas en los
gritos de mi silencio.
Cuando mi alma sale a buscar
caricias en tus manos.
En la invisible presencia del soplo
indefinido del aire,
convertido en viento, al salir de
tu boca, de tu aliento.
Ansiando ser sujeto y verbo del
entorno de tu cuerpo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario