XLIII
Si piensas no amas, no se entrega
el alma,
sabes que el pensar es calcular, se
divaga,
porque el amor es insondable, misterioso,
y por ello el hombre no cultiva
laberintos
en su mente, utopía en su ser
confundido.
O amas sin condición
o te ahoga tu propio interés,
cuando a salvo respiras
brisas sutiles convertidas en
suspiros,
y tu cuerpo relaja sentimientos,
compartiendo bajo el cielo sus
cadenciosos latidos,
vaivenes manejando sombras, oasis
en nubes mecedoras, sueños y
palmeras,
en la travesía penosa de la vida,
tan desierta.
Te presentas al toque de campana
y al llegar comprendes,
con tu desilusión acribillada
por osadías recién nacidas,
sin razón calculadas dentro de sí.
Allí hincaste tu pasión de
rodillas.
No era a ti a quien el amor
llamaba.
Y esta equivocación te asedió sin
tregua,
sin remisión, sin redención, con tu
pena.

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