XLV
Escala las laderas de mi cuerpo
y ocúltate en los huecos de mi
cumbre,
en la cima de mis pensamientos,
plisados en mil dobleces
dando vueltas,
y si robas mis ideas, respeta en
cuanto mi locura,
esa locura que genera los abrazos
cálidos de la insuficiencia de mi
entrega,
de mis besos escapados, disimulados
en mis sentimientos, con tu nombre
en sueños,
ilusiones inauditas que adornan de
colores mi alma,
que silencian penas, bocados
amargos,
incipientes desamores que al corazón
sofocan.

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