I
Por qué te apuras tanto si buscas
cosas pasadas,
o difuminadas,
en el rincón del olvido, o descuido,
donde la palabra mental se indura
y no vibra, y no suena,
y no escucha tu mente
su eco vestido de culto.
Y cuando la tuviste en frente
se ablandó tu alma y comenzaste
a recordar aquella mirada que
siempre
dibujó brujas en sus ojos, influjo consentido.
Y tus labios temblaron a pares
cuando los caracoles de su cabello
empezaron a mecer tus sueños
despiertos.
¡Igual que antes! ¡Te rendiste! ¡Bendita
entrega!
Bendita claudicación aquella
que besa los silencios de tu boca,
sabor a antes, lo auténtico, lo
casi olvidado,
pero no lo perdido, amor de beso
inocente, caricia.
Y caricias con sabor a cielo
habitado
florecieron en vuestra piel. Era
amor.

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