II
Y si espero y no vienes,
¿por qué te culpo?
y dentro del tiempo pasado,
perdido,
se levantan cinceles ciegos,
sin filo,
que no esculpen verdades,
que levantan vientos,
densas tempestades,
rotos irregulares en papeles
invisibles,
que dejan pasar esencias
y se quedan con lo inservible,
llorando, clamando negativas
en soledad,
sueños que jamás serán realidad.
Tierra que rompe al paso de los
vientos
y levantan nubes de secano,
y enseñan sin pudor
ríos secos convertidos en ramblas.
Ojos, más que ojos, ojos
que tanto hace que no veo,
ni siquiera lágrimas humedecidas,
por la pena de no ser fértil
líquido.
Amanecer traidor, que no cambias
nada,
y de nuevo se repiten dolores
dentro de pañuelos sedientos,
que no hace mucho fueron sábana,
cuando sobraba el todo,
cuando no existía el nada,
cuando el sol sabía a sol, y lo
sabía,
y la sombra no tenía importancia,
y no sobraba.
Súmate a mi sin complejos, y cercano,
seamos cirujanos de nosotros
mismos,
hagamos milagros para reestructurar
la materia inerte en el florecer
rosado
de cada cosa inútil en nuestras
manos.

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