LVII
Cuando cierro mis brazos
en torno tuyo está lo ausente,
todas las cajas de música que se
fueron sin aviso.
Cuando abarco tu mirada
con la mía buscando sonidos,
anhelos, caricias y besos, nada oigo,
todo silencio.
Silencios de pasos perdidos,
afasias de intentos frustrados,
la felicidad soñada, y no soy yo
quien tus ojos lee.
No solo la mirada, lo mismo
los sueños que te vencen, suma
tu sonrisa, el amanecer que gozas, el
pensamiento.
Yo con tu presencia ausente
busco el rastro por donde pasa
tu aroma repleto de amor, de
indiferencia y adiós.

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