Cuando El Adiós Nos Devuelve
X
Están bien colocados los objetos,
semejanza con toda composición,
donde la armonía,
el ritmo,
la simetría
y el control de los colores,
que arbitra la naturaleza,
hacen vibrar el alma sencilla
y el corazón del marco cabal.
Los valles parecen acuarelas
tumbadas a los sólidos pies
de las montañas altivas.
Existen catedrales sin necesidad
de capillas adheridas
para rezar.
La montaña reza sola
sin partitura musical.
Y si buscas el eco respondón,
conque remata cada sonido
al chocar con la piedra
que cierra el valle,
oirás voces armoniosas,
nacidas de vientos al penetrar
entre los huecos angostos.
El mar de nubes se convierte
en un océano de agua
cuando el cerebro sueña,
entre suaves pinceladas de imaginación,
con la unión de los acantilados flotantes
y con las ondas de agua y viento.
Dentro de poco pasarán,
haciendo saltos de vallas,
el espíritu del silencio
y los ecos de los cantares
del alma,
que, en cada rincón del monte,
celebran la fiesta del tiempo.
Los sauces llorones defienden
con tesón
la intromisión del bárbaro y el
desgaste que el paso del tiempo
no se resiste a ejecutar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario